Los lunes del barón Davillier (2). De franceses hispanoblantes y de loros francófonos.

Salamanca y su puente romano vistos por Doré

El barón Davillier nos dice al principio de su Viaje por España  que Gustavo Doré le inquiría con frecuencia:

“- ¿Cuando salimos para España?

- Pero, querido amigo –le respondía yo-, ¿te olvidas de que, si sé contar, he recorrido nueve veces ya, en todas las direcciones, la tierra clásica de las castañuelas y del bolero”.

El viaje de 1862, que haría con Doré, sería su décimo y hay quienes mantienen que llegó a visitar España bastantes más veces. Nuestro viajero conocía al dedillo España y la lengua de Cervantes. Antes de alejarse de Salamanca,  decide dedicar algunas palabras al asunto de la lengua. “El español es, en nuestra opinión, la lengua que más parecido ofrece con el francés. En el siglo XVI estaba muy extendido por Francia. Se encuentra entre nuestros autores de esta época buen número de palabras y de giros tomados de la lengua castellana”, escribe. Tras citar a Pierre de Branthôme, quien por aquel entonces advirtió que “la mayor parte de los franceses de hoy, al menos aquellos a quienes se ve un poco”, es decir, las gentes importantes, “saben hablar o entienden esta lengua”, Davillier nota que “sería fácil multiplicar los ejemplos, pero nos contentaremos con el testimonio de Cervantes, quien asegura en su novela Persiles y Segismunda que “en Francia, ni varón ni mujer deja de aprender la lengua castellana”.

“El español se ha conservado más puro de mezclas extranjeras que el italiano, y ha recibido menos galicismos, incluso en la época en que la influencia francesa era tan grande en la Corte de España”, señala el barón hispanófilo, antes de referir una anécdota, propia de la España negra, que refleja la frustración de algunos en aquella corte del ocaso de los Austria con los aires llegados de allende los Pirineos. “La resistencia se manifestaba entonces de un modo muy original; por ejemplo, la camarera mayor de la reina, primera mujer de Carlos II, hizo matar dos loros porque hablaban francés”.

La reina era María Luisa de Orleáns, sobrina de Luis XIV, que se hizo acompañar a su boda en España de los loros a que se refiere Davillier, aunque otros aluden a cotorras. El caso es que la malhumorada y metomentodo duquesa de Terranova hacía la vida imposible desde su posición de camarera mayor a la joven reina, que se alegraría en su fuero interno cada vez que los bichos gritaban “Vive la France!” en el momento en que la de Terranova aparecía en escena, según cuenta la historia de andar por casa. Guerra fría en Palacio. Harta de la ofensa sonora y ni corta ni perezosa, la marquesa acabó sin miramientos con los coloridos emplumados, como nos cuenta Davillier. Una María Luisa hastiada de su irascible y atrabiliaria camarera mayor convocó a todas sus damas y ante ellas la abofeteó regiamente.

Advertisement

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 1.521 seguidores